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Arquitectura Tradicional PDF Imprimir
arquitectura.jpgPodemos afirmar que todavía se conservan excelentes y variados ejemplos de la arquitectura popular dispersos por la geografía local.
A pesar de ello, el despoblamiento y el paulatino envejecimiento de sus habitantes han provocado el total abandono y desolación de gran parte de las viviendas tradicionales que, sin los cuidados necesarios, han alcanzado rápidamente la situación de ruina irreversible.
Mencionaremos, brevemente, algunas consideraciones sobre el desarrollo del núcleo rural, su emplazamiento y plano.
Diferenciaremos aquí la visión homogénea y compacta de la mayor parte de los "pueblos de la piedra", de la penillanura, con algunas excepciones surgidas, creemos, bajo la influencia de tierras zamoranas, en las proximidades de esa provincia. En esa zona el núcleo rural parece "ahuecarse", salpicando el caserío huertos y cortinas integrados en una curiosa trama urbana, agrandando el tamaño del mismo.
Igual efecto puede ocurrir cuando un pequeño arroyo atraviesa el pueblo, surgiendo entonces, a su orilla, infinidad de pequeños cercados provistos de pozos y cigüeñales.
Estas pequeñas cortinas se situarán, en los otros pueblos, en forma de orla o cinturón verde de vocación hortícola, con destino a satisfacer la demanda de la unidad familiar. Tras ellos encontraremos las tierras de labrantío amplias y diáfanas.
En el llano las casas suelen presentar una sola planta con corral adjunto a la vivienda, que aparece desplazado, en zonas como Sobradillo, donde se agrupan a las afueras del pueblo.                       i
En las áreas ribereñas las viviendas se tornan de dos alturas careciendo de ese corral o separándolo de la propia casa hacia zonas también periféricas.
En muchos otros pueblos la existencia de laderas inclinadas favorece la construcción en altura y la aparición de bodegas de acceso diferente al principal de la vivienda.
Un pequeño portal distribuidor da entrada a una reducida sala, a una cocina trasera y, a menudo, a una cuadra y bodega.
La escalera que parte de ese portal llega hasta la primera planta donde se sitúa la sala grande con una o dos alcobas. El típico balcón de la sala protegerá, con sus lajas de granito o pizarra, la puerta de entrada a la casa, en una imagen típica de estas localidades ribereñas.
Un gran "sobrao" trasero completa el espacio habitable.
En las tierras de la penillanura el patio o corral delantero organizará todos los elementos de utilidad. Leñera, pocilga, cuadras, tenadas y gallineros, hornos, cernideros..., se sitúan en su derredor.
A la casa se accede, tras el corral, por un amplio portal al que se abren una o dos salas con alcobas y una gran cocina trasera con despensa y, a veces, bodega.
Encima, un "sobrao" o doble, diáfano, completa la vivienda.
Tan importante como la casa resultan otros elementos de la arquitectura popular de gran belleza y plasticidad, destacando los chozos o casitas que salpican las viñas, huertos y cercados de las proximidades de los pueblos. Constituyen una genuina tipología de esta tierra, con originales soluciones arquitectónicas como la de la falsa cúpula por aproximación de hiladas.
Potros, puentes, fuentes, lavaderos, arrimaderos, cercas y los numerosos molinos que jalonan los valles a la búsqueda de aguas y de fuerza motriz, suponen uno de los más valiosos patrimonios que ayuntamientos e instituciones deben proponerse proteger con medidas firmes y esperanzadoras.
La recuperación de algunas viviendas para el turismo rural ayuda en el intento por no perder parte de la esencia más profunda y valiosa de nuestros pueblos. Todos son loables apoyos en tan importante y trascendente objetivo del que no podemos ni debemos desentendernos.
Nos encontramos ante una importante indecisión a la hora de recomendar uno u otro pueblo caracterizado por su arquitectura tradicional. Prácticamente todos, aún los más transformados por un malentendido modelo de desarrollo, esconden en rincones de calles y plazas elementos genuinos de la forma de construir de entonces.
Piérdase por estos núcleos rurales a la búsqueda de la imagen irrepetible y, a menudo en peligro de desaparición, de ese elemento sencillo, ingenioso y siempre atractivo de la arquitectura tradicional.