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Los Profundos Valles PDF Imprimir
valle.jpgArribes, Arribabanzas, Riberas, Arribas, Arribazos..., que de todas esas formas se denominan estas tierras de frontera zamorana-salmantino-portuguesa.
Ya desde tierras zamoranas el río Duero emprende su demoledora empresa de excavar los materiales paleozoicos del zócalo rocoso para superar el escalón natural que le separa de su discurrir por las más bajas vegas portuguesas.
Esta reactivación erosiva provoca un rejuvenecimiento de la estructura de la cuenca, transformándose, en estos lugares, a modo de segunda cabecera.
La postrera razón de la aparición de estos encajados cañones estriba en la existencia de una compleja red de diaclasas y fracturas que orientan el encajamiento de la red fluvial, a veces, de forma caprichosa.
La diferente caracterización geológica de los granitoides -roca mayoritaria en el área-, favorecida por esa microfracturación, ya citada, sometida a seculares procesos de meteorización, dará lugar a todo tipo de morfologías visibles en nuestras excursiones por la zona. Gigantescos domos graníticos de paredes verticales confluirán con berrocales de piedras redondeadas o con anárquicos paisajes de bloques.
En otros lugares la aparición en el roquedo de materiales esquistosos y cuarcíticos modelarán otras formas más suavizadas por las fuerzas erosivas.
El colector principal, el río Duero, reunirá las aguas de los últimos afluentes españoles provocando, a su vez, que estas corrientes se vean sometidas a un brusco descenso desde las altas tierras de la penillanura.
Así, muchos de estos ríos se verán obligados a descender desde los 800-700 m. hasta poco más de los 100 m. en una breve distancia. Este hecho configurará importantes y espectaculares arribes en los ríos Tormes, Uces, Huebra, Yeltes, Águeda, así como en otros muchos arroyos que se descuelgan directamente a los ya citados.
Recomendamos al amante de este tipo de paisajes recorrer Las Arribes por varias de estas corrientes fluviales, pues cada una de ellas encierra aspectos paisajísticos, faunísticos y botánicos de sutil diferenciación.
El río Tormes aportará unos cortos pero impresionantes arribes tras abandonar la ciclópea presa de Almendra. Sometido ahora a su exiguo caudal ecológico sobrecoge la visión del profundo cañón que formó a lo largo de miles de años de devenir. La carretera que une Trabanca con Fermoselle le permitirá descender hasta el lecho del río y contemplar de cerca su cauce. Si se encuentra allí, deténgase y admire ambas laderas, ejemplo de diferenciación biogeográfica mediterránea en solana y umbría.
Ya en Villarino, en Entrambasaguas, disfrutará de un área recreativa y de un apacible baño en la confluencia del Tormes con el río Duero.
Se percibe, ya, el incontable número de bancales y terrazas que se acercan al río desde el altiplano en busca de condiciones climáticas favorables.
Algo más adelante, aguas abajo, Pereña de la Ribera cuelga al Duero su ermita del Castillo. Tras ella, el arroyo de Los Cuernos ofrece cascadas y pozos como los de la Botarata y pozo Airón a los que puede accederse en singular y agradable ruta senderista.
Muy pronto el río Uces se entrega al Duero, no sin antes sorprendernos con el muy renombrado Pozo de los Humos. Este salto de agua accesible desde Pereña y Masueco, convertido en límite municipal, resulta espectacular en época de avenidas, cuando su visión esclarece, en verdad, su apelativo.
Aguas arriba de la cascada el río Uces muestra atractivos parajes en su arribe como los de las Cachoneras de las Uces. Y si alguien pretende contemplar un curioso fenómeno geológico, puede acercarse hasta La Peña, donde verá un relieve residual granítico en forma de "pan de azúcar", herencia de pasados modelados erosivos.
Aldeadávila de la Ribera nos brinda la posibilidad de adentrarnos, de nuevo, en el cañón del Duero al descender hasta la Playa del Rostro. Allí, tras un baño, disfrutaremos de una experiencia única recorriendo el arribe por su lecho, por el mismo río.El alquiler de unos barcos lo hará posible. Si se decide a ello sea prudente y preserve el medio que le rodea, uno de los más valiosos y frágiles de toda la comarca. El viaje puede acercarle, entre impresionantes farallones rocosos, hasta la misma presa de Aldeadávila, bajo la atenta mirada de buitres y alimoches.
Tras esta interrupción antrópica de 140 m. de altitud, el río continua encajado entre cantiles y laderas de bancales hasta Mieza. Desde su caserío descienden numerosas trochas y senderos que discurrían entre terrazas, hasta lo más profundo de estas gargantas.
Vilvestre nos invita, de nuevo, a acercarnos a estas aguas y realizar otro viaje en barca por este sector del arribe, aguas abajo o arriba de la Playa de la Barca, frente al lusitano pueblo de Freixo da Espada Cinta.
Algunos arroyos nos ofrecen, todavía, suge-rentes visiones de viejos molinos que aprovechaban la fuerza de las aguas para realizar la molienda.
Cerca se encuentra el salto de Saucelle y el, hasta hace poco, único paso internacional a Portugal de las inmediaciones.
El río Huebra aporta sus aguas en este punto al Duero, tras recorrer uno de los más hermosos arribes de la comarca. El puerto de la Molinera -con 400 m. de desnivel- o el salto de agua del Cachón de Camaces, en uno de sus afluentes en Hinojosa de Duero, son razones más que sobradas para conocer esta corriente hídrica que separa Saucelle de Hinojosa de Duero. Este último municipio está bañado también por las aguas del río principal hacia el que descienden sus laderas de materiales cuarcíticos y pizarrosos.
Será en La Fregeneda donde el Duero se despida de tierras hispanas tras recibir los aportes del río Águeda.
El antiguo y remozado muelle fluvial de Vega de Terrón sirve de atractivo entorno donde se funden estas dos corrientes fluviales dominadas por las siluetas del antiguo puente ferroviario que conectaba con Barca D' Alva y por el recién estrenado puente internacional. Aquí mismo se celebra anualmente el Día del Almendro, allá cuando la floración cubre la totalidad de estas vertientes con un manto niveo.
Si a alguien le apetece tomar un refrescante baño en aguas del Águeda, puede hacerlo en Valdaslajas y el Barco.
El Arribe del Águeda, uno de los más desconocidos, esconde lugares de gran belleza y realce desde tierras muy meridionales, allá por territorios de Ciudad Rodrigo.
Desde San Felices de los Gallegos una excursión al Puente de los Franceses le brindará la peripecia de recorrer este espacio de inigualable calidad ambiental.
Sobradillo o Ahigal de los Aceiteros, bañados por este mismo río, también serán idóneos puntos de partida de la excursión.
La afamada Ruta de la Vía Verde de La Fregeneda puede ser otra buena oportunidad de aventura y naturaleza para, con precaución, recorrer un largo trecho de esta ribera.