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Salto de AldeadávilaHay pocas obras públicas en España tan impresionantes como la presa de Aldeadávila. Es un prodigio de contundencia, encaje en el terreno y forma exterior. En pocas obras como en esta presa, un arco gravedad de 139 metros de altura y 120 metros de radio en coronación, se expresa tan bien el hecho de resistir el empuje del agua y el de aliviar unos caudales previsibles de hasta 9.000 m3sg. Todo lo que resiste es a la vez aliviadero y entre los dos apremios se configura una geometría bellísima con esa belleza añadida de lo riguroso, de lo imprescindible. Geometría tectónica, encarnada en el hormigón y encajada entre formidables macizos graníticos, formando con ellos el embalse de Aldeadávila.
En pocos sitios como éste se ve la interacción entre la geometría pura y estricta de la presa con la contundencia amorfa de la montaña, una humana, otra natural, y en el contraste e interacción aparece la contundencia del quehacer ingenieril dominador de la naturaleza.
Todo lo que constituye a la presa tiene una explicación técnica, salvo lo que es y su significado. Como en todas las obras maestras se explica todo menos lo fundamental, que es percibido pero también es inexplicable.
Christo, el artista búlgaro, no se pudo resistir ante la contundencia de las presas americanas y las simbolizó en su Valley Curtain de Colorado. Y no está mal esta escultura pero le falta la energía del agua contenida, y eso se nota.
La labor realizada por los ingenieros de Caminos con las presas en España ha sido titánica, inteligente, valiente... y enamorada. Menos mal que las presas están distantes como esas maravillas que suscitan entusiasmo en excursionistas y viajeros que buscan en lo natural de lo humano, que es una presa, el asombro y la hermosura definitiva. Hermosura definitiva sin modas ni explicaciones. A nosotros, que nos dedicamos al mundo de los puentes, en los que el diseño está cada vez más lleno de connotaciones, resistentes, constructiva y estéticas tan matizadas y sutiles, es bueno acercarnos, de vez en cuando, a las presas para encontrar el reposo de lo que permanece.
Y qué es mejor: ¿Aldeadávila o la Capilla Sixtina? ¿Cuál de las dos obras transmite mejor la grandeza de lo humano, la belleza que es capaz de crear? No sé si se pueden hacer este tipo de preguntas pero yo no quisiera enfrentarme con la explicación de esa disyuntiva.

En la zona más agreste y majestuosa de las Arribes del Duero salmantinas, entallada entre imponentes farallones de granito, se alza la escultural presa de Aldeadávila, una de las joyas de la moderna ingeniería hidráulica española. En el momento de su estreno, 1963, este gigante de hormigón de 140 metros de altura sobre el cauce, elemento fundamental del salto del mismo nombre y pieza clave del complejo hidroeléctrico conocido como Saltos del Duero, marcó un hito en la ingeniería de presas. Las difíciles condiciones topográficas del lugar debido a lo angosto de la cerrada, con paredes verticales de más de 400 metros de altura; y los no menos extraordinarios factores hidrológicos de la zona, marcados por avenidas máximas esti-
madas de 14.000 metros cúbicos por segundo a desaguar por un estrecho pasillo, dan idea del desafío que supuso el diseño y ejecución de esta soberbia estructura.
La fecha de su construcción, entre 1956 y 1962, coincidente con el fin de la autarquía y el comienzo de la apertura al exterior, permitió el acceso a medios y técnicas a los que España había permanecido ajena debido a su aislamiento internacional. Al-deadávila fue pionera en el control científico de la temperatura de fraguado del hormigón y en la refrigeración del mismo. Y en su construcción se emplearon, también por primera vez en nuestro país, vibradores múltiples de alta frecuencia, instalados sobre bulldozers para compactar el hormigón. La disposición subterránea de la central eléctrica a la que abastece el embalse fue otra de las novedades. La estrechez de la cerrada obligó a excavar la caverna, de 139 metros de longitud y 40 de altura, en un macizo rocoso a unos 400 metros de profundidad. Todo ello fue posible gracias al empleo de adelantos tecnológicos como las barrenas de "widia" (carburo de tungsteno), que aumentaron diez veces la velocidad de perforación, o el uso de explosivos con detonadores eléctricos de microrretardo.
Pero más allá de las variables puramente técnicas, Al-deadávila sorprende al observador por la belleza de su desnuda geometría y su insuperable encaje en la soberbia geografía del cañón del Duero, de la que parece formar parte como un elemento más del paisaje natural. Tal es su integración en el entorno que, contemplada desde
aguas abajo, la propia arquitectura de la presa, con el dinamismo de sus bien trazadas convergencias, sugiere una réplica de las modeladas paredes de granito que la enmarcan.